Lo que te voy a contar es como se le puede dar la vuelta al calcetín en el buceo.

 

Pasarse de rosca y que sea una experiencia inolvidable.

 

Hubo una semana en Utila que era algo así como la “semana del buceo”.

 

Sinceramente no recuerdo el nombre, pero se trataba de que cada centro de buceo de la isla proponía actividades diferentes durante unos días.

 

Cosas que se salían fuera de lo habitual de las salidas a bucear y los cursos.

 

Por ejemplo las olimpiadas submarinas.

 

Un concurso para cazar pez león (en algún momento trataré esto).

 

Exposiciones de fotos.

 

Concursos y sorteos.

 

Excursión a Cayos Cochinos

 

Y de la que te voy a hablar hoy. El buceo al amanecer.

 

¿Bucear al amanecer?

 

Lo primero que pensé fue que me tenía que levantar a la hora que la gente aún está con los cubatas para saltar al agua a la salida del sol.

 

Si no había nada de especial en ello, como por ejemplo en Malapascua para ir a ver el tiburón zorro, pues la verdad prefería dormir.

 

Buceo por placer, no por castigo.

 

Pero nada más lejos.

 

Sí, es cierto que me tenía que levantar temprano, ahí no había opción.

 

Pero para saltar al agua aproximadamente una hora antes de la salida del sol.

 

Y amigüito, eso ya es otra cosa.

 

Retorcer las reglas, eso me gusta.

 

Por lo que la experiencia promete ser rompedora y por partida doble.

 

Saltamos al agua el grupo y casi toda la inmersión se desarrolló como una nocturna, pero no una nocturna normal.

 

La vida era mucho más abundante de lo habitual.

 

Coño, nos habíamos metido once horas más tarde de lo que se hace con un buceo de este tipo. Así que imagínate el tráfico por allí abajo de bichos que no puedes ver durante el día.

 

Eso sí que es una inmersión nocturna, púramente nocturna y con todas sus nocturnidades.

 

A medida que avanzaban los minutos me di cuenta que la linterna me iba haciendo menos falta

 

Preferí bucear solamente con la primera luz natural del día. Ese tipo luz en la que ves pero no ves.

 

En el que una tortuga podría parecer un tiburón anciano, o tu compañero verse como un mero fumando.

 

El momento culminante de todo esto es que cuando terminó la inmersión y asomé la cabeza en la superficie, en el horizonte estaba ya apareciendo el sol, grande y rojo.

 

Exactamente en la hora dorada, cuando el mundo es por unos instantes de color naranja brillante.

 

Después de esta experiencia lo único que pudimos hacer es ir a meternos entre pecho y espalda un desayuno de cuchillo y tenedor.

 

No he podido ver apenas oferta de este tipo de inmersiones, de hecho no la he visto nunca más, más allá de la rareza de ese día.

 

Si yo tuviera un centro de buceo ya lo estaría ofreciendo. Si alguien conoce de algún lugar donde se haga por favor que me lo diga.

 

Y repito, no se trata de saltar al agua cuando sale el sol, se trata de salir de ella en el mismo momento que eso ocurre. Muy diferente.

 

P.D.: Pero si somos adultos para levantarnos a las 5 de la mañana para trabajar, también somos adultos para alimentar nuestro catálogo de experiencia personales extraordinarias. El buceo no es más que eso, gasolina para el alma

 

Isaac

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