Me gustaría empezar el año con una curiosidad.
Se que esto va de buceo, pero a veces, la curiosidad es tan fuerte que me tengo que desviar.
Lo hago un entre un 5% y un 10% de las veces.
No todo va a ser follar, digo, bucear.
Y es que esto me llamó mucho la atención.
Es algo que seguro que has vivido muchas veces y ni siquiera te habrás dado cuenta.
Al menos yo no había reparado en ello.
Te cuento
Estábamos ayer por la tarde mi pareja Giulia y yo mirando al cielo.
Era ya de noche.
A lo lejos pasaba un avión, con todas sus luces encendidas.
Entonces me preguntó
-¿sabes por qué las luces de la cabina del avión se apagan al despegar y al aterrizar?-
Me causó el mismo efecto que cuando me preguntaron porque el retrete tiene tapa.
Me quedé con mi cara de espantapájaros habitual ante este tipo de preguntas,
Pues ni idea
No se trata de una cuestión de comodidad.
Ni para ahorrar energía.
Ni siquiera por un tema de contaminación lumínica.
La razón se debe a una cuestión de seguridad.
¿De seguridad?
Aterrizar y despegar son los momentos más críticos del vuelo, en los que la probabilidad de que algo salga mal es la más alta.
Y si algo sale mal, hay que estár con las pilas puestas y listos para evacuar lo antes posible.
El ojo humano tarda unos diez minutos en adaptarse a la oscuridad.
Si hay algún problema, el avión ha de evacuarse lo antes posible.
Y si lo vas a hacer a oscuras, al menos que te pille con el ojo preparado.
Que puedas ver lo mejor posible en la peor de las condiciones previstas.
Y eso es lo que hacen a la hora de diseñar los protocolos de seguridad.
Ponerse en el peor de los escenarios.
Pero hoy es día 1 de enero, y no es momento para pensar en lo peor, sino en lo mejor.
Y lo mejor que puede ocurrir es que nos podamos dar un homenaje y para quitarnos el gusanillo de viajar.
Que este año pasado más que un gusanillo ha sido un monstruo de tres cabezas.
P.D.: Puedes también responder a este correo si tienes alguna consulta con lo que te pueda ayudar.
Isaac