Hoy te voy a contar como ni agarrándote a una roca más grande que tú, te puedes salvar de una corriente fuerte.
Hoy volvemos de nuevo a la isla Peleliu, en Palau.
En concreto a Peleliu Corner, pero en la parte del arrecife que coincide con el mar de las Filipinas.
La otra parte del arrecife ya sería el océano Pacífico.
Vamos que si la corriente es lo suficientemente fuerte empiezas en uno y lo terminas en otro, depende de en qué momento de la marea nos encontramos.
Teníamos un día de esos que en los que el mar te decía:
-“Ven aquí que te voy a dar cariño”
Literal.
Era un día sin viento, la superficie era un espejo y un sol radiante de media mañana.
Éramos 2 guías y 3 buceadores.
Dos hombres y una mujer de Rusia. Buenos buceadores y muy correctos debajo del agua.
Muy fácil bucear con ellos.
Les hice el briefing de cómo usar el gancho de corriente. En otro momento te explicaré como funciona.
Quédate con la idea de que sirve para que puedas estar enganchado en un lugar concreto disfrutando de los tiburones en medio de una corriente fuerte.
Colgado como un globo y con las manos libres para poder hacer las fotos que quieras.
En ese momento la velocidad del agua parecía muy buceable.
La velocidad de la corriente la solíamos medir en función del esfuerzo que hacían los peces para nadarla en contra.
Lo hacíamos asomando la cabeza en el agua
Si los veías como en la cinta de correr a toda velocidad como yo después de las fiestas de Navidad, entonces ya podías prepararte para el Rock’n Roll.
No era el caso.
Ese día parecía que iba a ser plácido.
El plan era simple
Saltamos al agua, bajamos hasta los 30m lo antes posible, lejos del arrecife, y poco a poco nos acercamos a las 18 metros donde nos engancharemos al borde y mirando al azul donde estará toda la acción.
Empezamos con una corriente fácil y a medida que fuimos acercándonos al lugar de anclaje, la corriente nos dió una bofetada que no nos esperábamos.
Si no nos enganchábamos el buceo iba a durar 10 minutos.
Y en ese momento cada uno debía de cuidar de sí mismo. Pero éramos todo buenos buceadores y no iba a ser un problema.
Llegamos al arrecife, y lo engancho a la primera roca firme que encuentro. Lo único que quería era fijarme rápido para poder parar, ver a mi alrededor y hacer control de daños.
Una vez enganchado y con la corriente en la cara cuento buceadores.
Uno, dos, tres, cuatro, cuatro, cuatro….
Me faltaba uno.
A ver si ha salido volando.
Miré para atrás y pude ver a Sergei abrazado como un koala a la única roca que había encontrado mientras se deslizaban juntos dejando un rastro en la arena, como la excavadora de la playa.
Aquello no tenía sentido, cuatro personas colgadas como globos de feria en mitad de una tormenta y otra abrazada a una piedra intentando no salir volando.
Eso no era buceo, era más bien un gag de los Monty Phyton.
No aguantamos ni tres minutos, les pedí que se desengancharan y terminar la inmersión.
Saqué la boya y subimos poco a poco.
Ese día lo terminamos en el Océano Pacífico.
Y es que Palau es capaz de lo mejor y de lo peor.
Solo hay que conocer sus caprichos.
Pos suerte la mayoría de inmersiones son experiencias inolvidables pero por el motivo contrario.
Uno de los lugares más bellos del planeta. E igual te interesa que te pueda ayudar a llegar
P.D.: Si tuviera que ponerle música a esta inmersión sería la Obertura 1812 de Tchaivkosky que empieza muy tranquila y termina con campanadas y cañonazos que no sabes ni de dónde vienen. También lo encontrarás como la banda sonora de V de Vendetta.
Isaac