Se termina el año y no ha sido nada fácil.

 

Nada de lo que no se pueda aprender.

 

Pero este no es un mensaje para revolcarme en la mierda como un gorrino.

 

Ha sido un año cuesta abajo para casi todos. Punto.

 

Por no mencionar los que al final de la caída encontraron el final.

 

Así que si estás leyendo esto es que seguimos adelante.

 

Dicho esto, veamos.

 

Hace unos días me topé con una efeméride interesante.

 

Tal día como hoy de 1851 se inauguraba en el Canal de la Mancha la instalación del primer cable telegráfico submarino que unía Gran Bretaña y Francia.

 

Fue entre las ciudades de Dover y Calais, el paso más estrecho.

 

El artífice de dicha hazaña fue John Watkins Brett, un ingeniero de telégrafos, que junto a su hermano consiguió comunicar brevemente ambas naciones.

 

Una compleja obra para una comunicación bien simple.

 

Y eso es precisamente lo que pretendo con todo esto que empezó hace un par de meses, una comunicación bien simple y directa.

 

Sin purpurina ni cohetes de colores.

 

Hace un rato he visto al escritor Salman Rushdie que decía algo muy interesante:

 

“Somos la única criatura que hace esto, contarse historias los unos a los otros para entender precisamente el tipo de criatura que somos”

 

Cada día, una pequeña parte de mi viaja por ese cable para llegar a tu bandeja de entrada.

 

Y si algún día lo abriste, lo leíste y te sentiste identificado o identificada, o viste tu reflejo en alguna de las historias, aunque solamente fuera en una de ellas, seguramente vale la pena que sigamos juntos en este año próximo.

 

Así de sencillo es todo esto.

 

No te quiero entretener mucho, hoy es un día importante, el año finaliza en unas horas.

 

Solamente desearte un feliz año nuevo 2021.

 

P.D.: Y que del 2020 saquemos solamente lo que hemos aprendido. A todo lo demás, que le den mucho por c****

 

Isaac

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