Interponerte entre un atún de casi dos metros y su comida no se si es una buena idea.

 

Pero lo cierto es que fue una experiencia poco menos que interesante.

 

En realidad no fuimos nosotros que nos pusimos en medio sino más bien el pez que nos usó para emboscar a su presa.

 

Jugó al despiste y nos utilizó para que no le vieran mientras preparaba su ataque.

 

Pero veamos cómo fue la cosa.

 

Esto ocurrió en Blue Corner, en Palau, ya lo he nombrado varias veces. Y lo haré las veces que haga falta, en ese lugar ha pasado de todo.

 

Estaba siendo un buceo un tanto atípico.

 

De esos días en que nada sale como tenías planeado, pero tampoco te importa demasiado por que lo que ocurre no para de superar tus expectativas.

 

Y cuando eso ocurre, pues oye, para qué tocarlo…

 

Estábamos terminando la inmersión y durante los últimos diez minutos un atún de poco menos de dos metros nos había estado rondando sin disimular demasiado.

 

Era como en esas películas que el protagonista va andando por la acera y un coche desde el carril opuesto le va siguiendo allá donde va.

 

Él se mueve, el coche se mueve. Él se para, el coche se para.

 

Pues el atún era el coche.

 

Ya teníamos el suficiente aire como para ir pensando en terminar y fuimos siguiendo el borde del arrecife, muy cerca de la pared, que se perdía varios cientos de metros en el fondo.

 

Estábamos a unos metros cuando nos topamos con el cardúmen de jureles que allí reside.

 

Una ocasión perfecta para poner el gancho de corriente unos minutos y disfrutar siendo uno más de ellos rodeado por cientos de peces a poca profundidad. Y así ponerle el broche de oro a nuestra inmersión.

 

Una vez todos enganchados, me di la vuelta y el atún seguía allí. Midiendo nuestros pasos.

 

Y cuando nos tuvo a todos quietecitos y ordenaditos entre él y su presa fue el momento.

 

Un momento que duró milésimas de segundo.

 

Se oyó primero un estruendo estruendo, como el de una ráfaga de aire.

 

Los peces desaparecieron de nuestro campo visual como de un latigazo.

 

Todo mientras nuestro protagonista, en un instante, había cambiado de un grís plateado a un negro intenso de un accelerón. 

 

Pasó de cero a 100 en lo que dura un parpadeo

 

Todo pasó tan rápido que ni siquiera pudimos ver si pudo hacerse con su presa.

 

No hace falta decir que la experiencia fue una culminación a nuestra inmersión que nadie esperaba.

 

Cuando estás en medio de la naturaleza salvaje, pues a veces pasan cosas de estas.

 

Yo no se si tendrás la suerte de que te ocurra algo así si viajas a Palau. 

 

Yo espero de corazón que sí.

 

Pero lo cierto es que si no lo pruebas, no lo vas a saber.

 

P.D.: Por si lo quieres buscar, vas a encontrar este atún con el nombre de “dogtooth tuna”. No he encontrado el equivalente al español.

 

Isaac

Si quieres viajar a Palau, te puedo ayudar con ello.  Aquí abajo