Hoy vamos con una de esas cosas curiosas que no tienen nada que ver con el buceo, pero oye, quizá te interese.

 

A mi me encanta comer en el avión, creo que es de las pocas veces en la vida en la que estoy 100% pendiente de lo que estoy haciendo.

 

Y es que intentar comer en un espacio reducido requiere estar concentrado.

 

No quiero tirarme el agua por encima, ni darle un codazo a la persona de mi lado cuando intenta meterse la cuchara de sopa en la boca, ni que peleando por cortar una salchicha, ésta salga por los aires al asiento de enfrente.

 

Cuando como en un avión me siento como si estuviera desactivando una bomba.

 

Cualquier error puede acabar en catástrofe.

 

No es que desactive bombas muy a menudo, pero ya me entiendes.

 

Solo le veo un problema.

 

La comida no sabe a nada, o más bien a poco.

 

Seguro te ha visto alguna vez diciendo eso de:

 

-Es que sabe a corcho.

-Mi hijo de 4 años cocina mejor.

-Que si el arroz sabe a serrín.

-Es que cocinan como el culo

 

Pero tengo buenas noticias, eso no es culpa de los cocineros, es por culpa de la física y la biología.

 

Me explico.

 

Aunque sea poco perceptible, las condiciones en la cabina del avión son bastante diferentes a las que nos encontramos en tierra firme.

 

Ambiente más seco.

 

El zumbido constante de los motores

 

Una cantidad de oxígeno algo más baja

 

Y una presión que simula estar a unos 1800m de altura. Por eso tampoco puedes volar después de bucear si no quieres convertirte en una botella champán recién abierta. Pero eso para otro momento.

 

¿Y qué ocurre con esto? pues que gran parte de las papilas gustativas se ha visto que se van a echar una siesta.

 

Que cuando vuelan no trabajan. Lo dice el convenio.

 

Especialmente para el dulce y el salado.

 

Es por eso que a la hora de hacer la comida del avión le han de echar hasta un 30% más de sal para que al menos te pueda saber a algo el pollo con patatas.

 

Por que de la ensalada, olvídate.

 

Pero hay siempre una excepción, hay sabores que no se ven afectados, es más, se ven potenciados en estas circunstancias.

 

Y es aquí donde entra el zumo de tomate.

 

Una de las bebidas más consumidas en los aviones, y en muchos casos más que la cerveza. Y decir esto ya son palabras mayores.

 

El zumo de tomate posee ese quinto sabor que los japoneses llaman umami. La papilas gustativas dedicadas a este particular sabor no descansan bajo presión y les encanta el zumo de tomate.

 

Así que ya sabes la próxima vez que viaje en avión te puedes pedir un Bloody Mary para acompañar la pechuga de corcho.

 

Míralo por el lado positivo, ahora debido a que los aviones van un poco más ligeros de pasajeros, a la hora de comer puedes ponerte un poco más a tus anchas. Quizá no sea necesario compartir tu pisto de verduras con la camisa de la persona de al lado.

 

Y eso está muy bien por que hace que viajar en estos tiempos sea más cómodo que nunca. 

 

Así que si además de bucear quieres tener la sensación de viajar en business a precio de turista ahora es el momento.

Si quieres viajar a Palau, te puedo ayudar con ello.  Aquí abajo