¿Lo que te conté ayer puede jugar a tu favor en el buceo?
Ayer hablaba de cómo por seguridad se apagan las luces de la cabina del avión.
Por si hay algún problema en el despegue y el aterrizaje, todos los pasajeros han de tener los ojos habituados a la oscuridad y así poder hacer una evacuación en menos de 90 segundos. El aire de cabina no va a durar mucho más en ese caso.
Por suerte estas cosas son una rareza.
Pero hay que estar preparados.
Con el buceo experimenté un fenómeno similar.
No, no me he dedicado a bucear a oscuras para desarrollar visión nocturna bajo el agua.
Ha sido algo más fácil.
Pero me ha llevado cierto tiempo.
Te cuento rápidamente.
Estuve un año y pico buceando en el Caribe hondureño.
Más que buceando, dando clases de buceo.
Después de pasar la primera impresión en un mar tropical, cuando ya me habitué, desarrollé la idea de que esos fondos tenían poco interés.
No veía más allá que los cuatro peces de siempre, un caballito de mar de vez en cuando y algún tiburón nodriza una vez por semana.
Una rutina, incluso eso.
Más tarde (y resumiendo mucho) quise probar suerte en el sudeste asiático, y de casualidad acabé en la isla de Mabul, en el Mar de las Célebes.
Si no te suena ésta, quizá Sipadan te suene más. Pues por allí.
La variedad de especies en ese lugar era decenas de veces mayor que de donde venía.
Yo quería poder verlo todo. Así que me pegué como una lapa a los guías más expertos y me estudié el libro de “Especies del sudeste asiático”.
Seguro que el libro tenía un título por el estilo.
Aprendí a que no se me pasara por alto ese cangrejo en el coral.
A que no se me escapara ni un solo nudibranquio.
O a romper con la mirada el camuflaje del pez rana
En definitiva, a abrir los ojos a mi alrededor de otra manera.
Por cosas de la vida volví de nuevo a Honduras.
Pero esta vez con una mirada renovada
¿Sabes la suegra del anuncio del fregasuelos desinfectante?
Sí, esa que entra y escanea toda la casa en plan robocop.
Pues así me sentí cuando aparecieron criaturas que no había visto antes en el mismo lugar que un año antes me había parecido insulso.
Capaz de encontrar cualquier cosa.
Cangrejos, nudibranquios, pequeños gusanos y demás crustáceos que a lo largo de un año se me había pasado por alto.
Es cuestión de práctica.
Había juzgado demasiado rápido aquel lugar, hasta que me puse en cuestión a mi mismo.
Solo en ese momento empecé a ver las cosas que no veía antes.
Aquellas que habían sido invisibles.
Hay un lugar en el que si quieres elevar estas capacidades al extremo, puede resultarte muy interesante.
No estoy hablando de Lembeh, Anilao, o el propio Mabul, es una isla de Filipinas que no deberías obviar, la isla de Romblón.
Aquí tienes un video con un ejemplo de lo que puedes encontrar allí
P.D.: Hace unos años se encontró una nueva especie de caballito de mar pigmeo en esa zona.
Isaac