Ayer te contaba cómo que ocurrió para que Bob debiera ir a la cámara hiperbárica.

 

Tenía que hacer un tratamiento de 5 horas al día en el interior de ese cacharro durante los días que hiciera falta hasta que remitieran los síntomas.

 

También se iban a necesitar voluntarios que estuvieran con él. Haría falta uno diferente para cada día.

 

Yo me ofrecí como uno de ellos. Sería más interesante que pasarme la mañana rellenando formularios de PADI.

 

Me tocó el segundo día de tratamiento y llegamos ambos a las 9 de la mañana.

 

Las instrucciones eran claras:

 

Nos debíamos mover lo menos posible.

 

Debíamos hablar lo menos posible.

 

Ante el mínimo problema tocar el timbre.

 

Te resumo en qué consiste una cámara hiperbárica.

 

Es un tubo metálico de unos 2 metros de largo y poco más de un metro de diámetro, dispuesto de manera horizontal y que en cuyo extremo tiene una puerta circular hermética.

 

Te metes dentro, cierran la puerta y presurizan el interior.

 

Empiezan a aumentar la presión hasta simular la profundidad deseada, y con las proporciones de oxígeno y nitrógeno precisas.

 

A partir de ahí, empiezan muy poco a poco a despresurizarla. En nuestro caso eran 5 horas de inmersión ahí dentro.

 

Si has entrado ahí como era el caso, por enfermedad descompresiva, el tratamiento debería volver a comprimir las burbujitas de nitrógeno en los tejidos para poder sacarlas después poco a poco con la recompresión lenta y controlada.

 

Si entras sano ahí dentro, pues no se notaría nada. Te quedarías más o menos igual. Bueno quizá algo más oxigenado.

 

Las 3 reglas descritas, entre otras cosas iban destinadas a no malgastar el oxígeno y que el tratamiento hiciera efecto lo antes posible. Nada de gastar energía ahí dentro.

 

Al entrar nos quitamos todo lo metálico, anillos, pendientes, reloj, etc…

 

Nos sentamos y el operador hace las pruebas de comunicación. Había un altavoz en el interior a través del cual se comunicaba con nosotros.

 

Empieza la inmersión.

 

A medida que se empieza a presurizar el interior se tienen que compensar los oídos, como cuando buceas.

 

También se oye un zumbido parecido al de un avión al despegar.

 

Y en una pantallita vas viendo la proporción de oxígeno que hay en el ambiente y la profundidad a la que te están bajando.

 

Ese día llegamos a veintitantos metros.

 

Al rato no notábamos nada especial. Bueno sí, aburrimiento.

 

Hasta que uno de los dos decidió hablar.

 

-¿Y si hablamos un poco?- le dije

 

Y Bob se empezó a morir de la risa.

 

-Se te oye la voz como un pitufo- me dijo.

 

Y empezamos a reír los dos como el pitufo bromista y el pitufo tontín.

 

Al operador de la cámara no le hizo gracia y nos mandó callar a través del altavoz.

 

Nos pasamos las siguientes tres horas en esos escasos dos metros cuadrados intentando contener la risa.

 

Después de no se cuanto tiempo en el fondo, empezamos a subir y en la pantallita se veía de nuevo que la profundidad iba decreciendo.

 

Lo hacía muy lentamente.

 

Finalmente llegamos al nivel del mar y la puerta se abrió.

 

Bob necesitó unas tres sesiones más. En total hizo seis si no recuerdo mal.

 

P.D: La cámara hiperbárica no sólo sirve para tratar a buceadores accidentados, también para tratar el dolor, fatiga crónica y muchas otras cosas. En definitiva todo aquello en que beneficie una aportación extra de oxígeno. También se están viendo beneficios en pacientes de Covid.

 

P.D.2: Recuerda también que esta inmersión en la cámara hiperbárica la puedes apuntar en tu logbook.

 

Isaac

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